Por Beatriz Villanueva Martín | [email protected]

Hola,

Soy Beatriz Villanueva Martín

Soy coach, comunicadora y consultora especializada en género e igualdad. Hace ya más de 10 años que me convertí en la fundadora de este proyecto que tienes entre manos: I Got Life! – Coaching, Género y Comunicación.

En él se aúnan dos de mis pasiones:

Me interesan las personas y el construir vidas que merecen la pena de ser vividas; y me atrae el hecho de que precisamente nuestras vidas se tejen desde procesos relacionales complejos… ¡y fascinantes!

Facilito espacios profesionales para aprender a conocernos y relacionarnos mejor así como para transitar nuestros cambios.
Lo hago tanto a nivel personal como en las organizaciones, equipos u otros grupos humanos.

Coaching individual

Un espacio profesional, cuidado, libre y sin juicios para ser tú, para encontrarte, para ganar en bienestar. Sesiones de Coaching de vida, Coaching profesional y Coaching para mejorar las relaciones. Especializada en acompañamiento a mujeres e identidades disidentes.

Acompañamiento a organizaciones y empresas

Trabajar en equipo por un objetivos comunes en una tarea apasionante… ¡y también compleja! Los retos son enormes: construir espacios de trabajo eficientes, creativos, no discriminatorios y donde se apueste por un uso ético del poder y una gestión responsable de conflictos.

Conóceme un poco más

Nací en 1981 y soy una escorpio de órdago.

Burgalesa de corazón y de nacimiento, vasca por herencia cultural (y culinaria) de parte de mi familia materna, allí migrada y arraigada; y catalana de adopción tras 15 años afincada en Barcelona.

Aún a riesgo de sonar a lugares comunes, siempre me he sentido una ciudadana del mundo: en Centroamérica está parte de mi corazón desde que viví allí… y veo sorpresa, belleza o aspectos insólitos que me interpelan en casi cada rincón por el que he caminado.

Me fascina observar cómo se relacionan, viven, se mueven, gesticulan, se alimentan o qué valoran las personas alrededor del mundo y a lo largo de la historia. Sacar a la luz la historia de las mujeres, más aún. Romper verdades absolutas va conmigo, aunque a veces me lleve a dudar de (casi) todo.

Soy curiosa, un alma libre, siempre con preguntas en la punta de la lengua y con ganas de experimentar porque, desde bien pequeña, he sentido una necesidad muy fuerte de comprender el mundo. De comprenderme a mi.

He tenido el enorme privilegio de poder elegir los caminos que deseaba, de poder viajar, estudiar y sentirme libre para decidir qué sí, qué no.

Los años me han ido mostrando, de todas maneras, todo lo que mi generación aún nos comimos con patatas y a lo que observo con alegría que las chavalas jóvenes están dando la vuelta: el heterocentrismo imperante durante mi adolescencia en los 90 o la dicotomía puta/santa que nos atraviesa a todas como puñales.

Los años me han ido aportando también consciencia de mi necesidad de ser crítica con un sistema donde no todas las personas tenemos –ni de lejos- las mismas oportunidades. Revertir a la sociedad todo lo que pueda en términos de justicia social y de género es algo que para mi es no sólo importante, sino transversal. 

Acompañar a otras personas en sus procesos de cambio es una manera de hacerlo. El activismo feminista, otra. 

Formo parte (gozosa) de La Foguera, un grupo de teatro espontáneo feminista autogestionado que nació en 2018, donde me enfrento con risas a mi pudor escénico junto unas compas fantásticas, y donde disfruto acompañando las escenas con música y voz. 

Si te contara aquí en detalle mi historia de vida aparecerían, como en tu propia vida, hitos, cambios vitales, traslados de ciudad o país, relaciones que me han atravesado hasta el tuétano, alegrías, aprendizajes y también épocas de golpes, de mucho vacío, de travesía por el desierto. 

Quizá la más bestia fue la pérdida repentina de mi primer hijo, estando embarazada de casi 6 meses. Supuso un antes y un después en mi percepción del dolor y de la vida. Puedes leer mi experiencia en este artículo en mi sección Mano de Santa de Pikara Magazine, y cuya escritura me supuso una gran ayuda para empezar a salir de la cueva. 

Un grupo budista de acompañamiento al duelo, que llegó a mi como agua de mayo, fue otro lugar de sanación al que acudí varios meses sin decir una sola palabra. Nunca agradeceré lo suficiente a esas personas anónimas, que me acogieron en mi silencio terco y a quienes escuché en sus propios procesos de duelo, todo lo que me curaron las heridas sin saberlo. 

Durante los últimos años, mi vida ha dado otro giro radical: el nacimiento y crianza de mi segundo hijo. Un viaje a través de la maternidad, de las incontables maneras de maternar que existen, otra ruptura de creencias antiguas y con olor a moho, un tobogán lleno de curvas donde resbalas como buenamente puedes. 

Un amor loco que te atraviesa desde miles de emociones: incomprensión, alegría, dudas (¿habré hecho bien?), humor, rabia, paciencia, el no encontrarte, vivir en la eterna paradoja, esa conexión más certera con los ritmos de la vida, aprendizajes que nunca habría imaginado. 

Hasta que, poco a poco, vas cayendo de pie y observas atónita y, a la vez, confiada, esa nueva etapa de tu vida; con todo su potencial transformador. 

Desde aquí escribo. Desde aquí acompaño. 

Sin trampa ni cartón, desde lo que atravieso y desde lo que soy.

Mi formación

Mi formación es marcadamente humanista, feminista y atravesada por el análisis de lo personal y de lo estructural/colectivo.

Lo experiencial y no académico no aparece en una lista de másters o licenciaturas.

Y, sin embargo, para mi tiene un valor inmenso y es parte imprescindible de lo que sé y lo que aporto: las grandes enseñanzas de mujeres en comunidades nicaragüenses o salvadoreñas, las sabidurías de mi madre y mi padre, los recursos sacados ni sé de dónde viajando sola, las preguntas de mi hijo, mis procesos terapéuticos, la observación de tantas mujeres referentes para mi.

E-mails con sentido

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